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LECTURAS: LIBROS PARAPOLITICA
Las dos versiones de la parapolítica
Corporación Nuevo Arco
Iris. 20/11/08
¿Qué deja la lectura de los libros de
Arco Iris y José Obdulio Gaviria? Un debate que
sólo podrá zanjarse a partir de verdades
judiciales legitimadas por la opinión nacional
e internacional, no por métodos y observaciones
científicas.
El profesor Gustavo Duncan hace un análisis de
los dos libros sobre el tema de la Parapolítica,
editados recientemente por la Corporación Nuevo
Arco Iris y el asesor presidencial José Obdulio
Gaviria.
Aunque ambos libros se presenten como investigaciones
científicas para probar y negar una serie de
hechos, su valor está en que por sí mismos
son acontecimientos políticos: Parapolítica,
la ruta de la expansión paramilitar y los acuerdos
políticos, de la Corporación Nuevo Arco
Iris, y Parapolítica, verdades y mentiras, editado
por José Obdulio Gaviria, ofrecen a sus lectores
los argumentos básicos para un debate nacional.
No importa la posición que se defienda o ataque,
los dos libros contienen los elementos de juicio centrales
que marcan el debate entre quienes exigen a uno de los
gobiernos más populares del mundo responsabilidad
por los acuerdos de la parapolítica, contra quienes
anteponen los resultados de gobierno y la confianza
en que el Presidente no está directamente vinculado.
Y este es un debate que sólo podrá zanjarse
a partir de verdades judiciales legitimadas por la opinión
nacional e internacional, no por métodos y observaciones
científicas. Por eso el juicio sobre ambos libros
no puede diluirse en la calidad de su contenido científico,
sino en su impacto en la vida política nacional.
La versión de Arco
Iris
La marquilla de la carátula del libro de Arco
Iris invita a una lectura muy diferente a la que uno
encuentra en sus páginas: "La investigación
más escalofriante de la historia reciente".
En vez de una crónica periodística donde
se narran situaciones puntuales en que políticos
corruptos se reúnen con sanguinarios jefes paramilitares
para acordar matanzas y amañar resultados electorales,
hay una serie de once artículos más bien
matizados por el lenguaje de las publicaciones académicas.
Más aún, sólo en tres de ellos
se encuentran alusiones con nombres propios a políticos
que por datos de votaciones atípicas se anuncian
como potenciales ‘parapolíticos'.
Fueron los artículos de León Valencia,
Claudia López y Laura Bonilla los que levantaron
ampollas en la coalición de gobierno.
Por dos razones: incluían nombres del círculo
íntimo del Ejecutivo y el texto, más allá
de si era leído o no, se convirtió en
un símbolo de la investigación sobre la
relación entre paramilitarismo y clase política.
Los avances que realizaban la Corte y la Fiscalía
en materia de detenciones de congresistas y las denuncias
de los medios noticiosos, tuvieron entonces un soporte
académico. La población colombiana que
mueve sus preferencias y percepciones políticas
a través de los medios de opinión encontró
un texto que soportaba su indignación frente
a más de sesenta miembros del Legislativo investigados.
¿Era el análisis de datos electorales
de Arco Iris, desde el punto de vista estrictamente
científico, una prueba suficiente de la parapolítica?
En términos puristas podría afirmarse
que no. No necesariamente las votaciones atípicas
eran una prueba irrefutable que determinado político
se había reunido y llegado a acuerdos electorales
con jefes paramilitares. Pero conozco de primera fuente
gran parte de la información de campo levantada
por Arco Iris en las regiones.
Lo que al final salió en sus páginas no
fue ni el uno por ciento de lo ‘escalofriante'
que los investigadores recolectaron en sus entrevistas
regionales. El escándalo hubiera sido mayúsculo.
Todavía el país no estaba enterado de
la magnitud de la parapolítica, no habían
comenzado los procesos en la rama judicial. Mucho de
lo que luego se conocería por la labor de la
justicia, la prensa y hasta las confesiones de los paramilitares,
ya era material de esas investigaciones.
Hasta donde tengo entendido los resultados del trabajo
de campo no fueron incluidos por temor a retaliaciones.
El uso del análisis de datos electorales a mi
modo de ver fue una alternativa al problema de cómo
presentar una información que salía a
borbotones desde las regiones, sobre todo cuando las
atipicidades electorales se mezclaban con datos de presencia
paramilitar.
Y pese a que luego de la publicación llovieron
críticas de académicos y políticos
que cuestionaban los métodos utilizados, lo importante
del trabajo de Arco Iris fue que contribuyó a
poner la discusión política en un tema
crucial para el país. Lo de la calidad investigativa
en términos estrictamente académicos era
secundario en comparación con los efectos de
movilización de la sociedad para hacer algo frente
al fenómeno. Gracias al escándalo de la
parapolítica la sociedad presionó a las
instituciones judiciales para que, así sea de
manera parcial, desmontaran una clase política
que ha llegado al poder gracias a la criminalidad.
El juicio del libro de Arco Iris, como una organización
de la sociedad civil, debe girar en torno a ese papel.
Para los investigadores, la osadía no salió
gratis. Tres de ellos fueron amenazados y tuvieron que
exiliarse o vivir con escolta permanente.
La respuesta de José
Obdulio
El libro de José Obdulio Gaviria saldría
al mercado aproximadamente un año después.
Sería una colección de artículos
en tono de réplica a la parapolítica de
Arco Iris, tanto así que en varios de los artículos
se cuestiona en lo personal el trabajo de Claudia López
y León Valencia. El libro en últimas busca
difundir un mensaje de que el escándalo de la
parapolítica existió pero está
magnificado y que con ciertos políticos se ha
llevado a cabo una injusta cacería de brujas.
La respuesta gira en torno al cuestionamiento ya mencionado
de la validez de los métodos investigativos de
Arco Iris. Uno puede cuestionar que las estadísticas
de concentración electoral sean un indicador
definitivo de demostración de vínculos
entre clase política y paramilitares, pero de
allí a creer que en Colombia esos vínculos
no existieron -y continúan existiendo-, hay mucho
trecho. Y en el texto de José Obdulio, pese a
reconocer parcialmente esa relación, se pone
en duda que con la evidencia ofrecida pueda acusarse
a determinados miembros de la clase política.
Con ese argumento el texto pasa a rechazar las acusaciones
concretas. Varios autores reclaman la inocencia de casos
puntuales, en su mayoría de Antioquia, como Mario
Uribe y Rubén Darío Quintero, frente a
las cifras de Arco Iris.
En esos casos la verdad se debate en decisiones judiciales
a posteriori que reivindican a los acusados mientras
que la información de campo señala lo
contrario.
Tienen algo de razón José Obdulio, Libardo
Botero y demás autores al cuestionar la validez
de un papel inquisidor por parte de Arco Iris a partir
de puros datos electorales. Pero en su contra pesa que
al día de hoy no se trata de un asunto de método
científico, sino de verdades judiciales y de
confesiones de los mismos actores del conflicto.
El problema no es que Claudia López o León
Valencia sostengan que X o Y político se reunió
con éste u otro paramilitar y recibió
dinero para la campaña de aquel narcotraficante.
El problema son todos los fallos de la justicia que
corroboran tales afirmaciones, así como las propias
declaraciones de los jefes paramilitares. Suena ridículo
cuestionar los métodos científicos cuando
Mancuso en sus cuentas del narcotráfico en Colombia
habla de que por cada kilo de coca que el país
exporta, se paga un millón de pesos en corrupción.
Para corromper se paga a quien tiene poder y el poder
en una democracia emana del proceso electoral, así
esté viciado.
Por: Gustavo Duncan* / especial
para El Espectador
*Profesor de Ciencia Política de la Universidad
de los Andes y coautor del libro ‘Los señores
de la guerra. Narcotráfico en Colombia. Economía
y violencia'. Editorial Planeta.
Fuente: El Espectador
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