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URIBE QUIERE TLC CON CANADA Y AELC
Los demás TLC también
son contrarios al interés de Colombia
Por: Jorge Enrique Robledo.
03/12/08
Aunque es claro lo dañino que es el TLC con Estados
Unidos para Colombia, el presidente Álvaro Uribe
insiste en ampliar las ataduras del país al “libre
comercio”, esta vez con Canadá y la Asociación
Europea de Libre Comercio (Islandia, Noruega, Suiza
y Liechtenstein). El mundo atraviesa la peor crisis
de su historia, como consecuencia de la globalización
neoliberal, y Uribe insiste en que la salvación
del país consiste en aferrarse a ella.
Estos otros dos TLC son copias del firmado con Washington.
La posición oficial no permite dudas: “Para
estos dos TLC (Canadá y AELC) se mantendrá
la estrategia de trabajo que se utilizó en el
acuerdo con Estados Unidos”, afirmó el
ex consultor de empresas transnacionales y actual jefe
del ‘equipo negociador’, Ricardo Duarte.
Y el Ministro de Comercio, Luis Guillermo Plata, dijo
que “la base para las propuestas presentadas de
parte y parte, en buena medida corresponden al contenido
de lo acordado con la negociación con Estados
Unidos”.
En estas negociaciones, además, ni siquiera aparentaron
su “democracia profunda”, pues nunca les
consultaron la opinión a los colombianos, dado
que las “negociaciones” tuvieron mucho de
clandestinas.
Las consecuencias serán evidentes: el 80% de
lo que vende Colombia a Canadá es café,
carbón, flores y azúcar, es decir, bienes
que no requieren de un tratado para colocarse. En contrapartida,
el 23% de lo que compra nuestro país a Canadá
son productos agrarios, principalmente cereales y cárnicos,
que agravarán la situación de los productores
nacionales.
El TLC con Canadá parece escrito por una compañía
de explotación de minas. Canadá se conoce
como el paraíso de este tipo de consorcios, tales
como Colombia Goldfields Ltd., Coalcorp Mining Inc.,
Frontier Pacific Mining Corporation, cuyo dañino
impacto ambiental es bien conocido.
Con la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC),
el acuerdo es igual de pernicioso. Esta región,
cuya población no sobrepasa los 12 millones de
habitantes, es sede de “corporaciones ficticias
y usadas como pantallas de turbias operaciones. Nadie
puede alegar que son un gran mercado”, según
afirma el empresario colombiano Emilio Sardi. Islandia
fue el primer país en colapsar ante la actual
crisis mundial, ya que sus movimientos financieros eran
diez veces más grandes que su economía.
Para tratar de salvarse, congeló los depósitos
de ahorradores ingleses, a lo que el gobierno de Brown
respondió aplicándole la ley antiterrorista.
Resulta inaudito que Uribe presente como un gran éxito
firmar un TLC con un país en esas circunstancias.
El TLC con este bloque, según el ministro Plata,
“consolidará y estimulará mayores
flujos de inversión, al establecer seguridad
jurídica y reglas de juego claras, como ser tratados
como nacionales en los países que efectúen
su inversión”. Esto beneficiará
a trasnacionales originarias de esos países y,
desde luego, a las farmacéuticas, las cuales
fortalecerán sus monopolios por propiedad intelectual,
con el consecuente aumento de los precios de los medicamentos,
como recientemente lo advirtió la Iglesia Católica
colombiana.
Significa no menos que un acto de traición aprobar
los TLC con Canadá y la AELC, insistir en la
aprobación del TLC con Estados Unidos y romper
la integración andina para negociar y aprobar
otro tratado de “libre comercio” con la
Unión Europea.
Los sectores democráticos en Colombia defendemos
una relación con el mundo diferente a la del
“libre comercio”, porque esta, como está
probado hasta la saciedad, nos arrebata la capacidad
soberana para decidir y convierte al país en
una especie de colonia de las trasnacionales y las potencias
económicas, con sus secuela de atraso productivo,
desempleo y pobreza para los colombianos.
www.moir.org.co
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