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LECTURAS La
fórmula Uribe: Falsos positivos Por:
Isaac Risco. 30/11/08
Los falsos positivos no son, en
realidad, ninguna de las dos cosas: ni falsos ni positivos.
Son seres humanos. Personas reales, de carne y hueso.
"Falsos positivos" dice una fórmula
de reciente fama en Colombia. Un término acuñado
con visos de jerga militar pura y dura, y que utilizan,
a saber, las susodichas fuerzas del orden para reportar
ciertos pretendidos avances en la lucha institucional
contra las guerrillas. Pero los falsos positivos no
son, en realidad, ninguna de las dos cosas: ni falsos
ni positivos. Son seres humanos. Personas reales, de
carne y hueso. Eso en cuanto a lo falso.
Tal y como sale a la luz durante las últimas
semanas, las fuerzas militares y paramilitares colombianas
reportan bajas supuestamente ocasionadas a la guerrilla
y que les deparan beneficios a los mismos esbirros;
días libres adicionales, permisos especiales
o incluso recompensas en metálico. Todo ello
en el marco – o bajo la presión –
de los incentivos que el propio Gobierno colombiano
otorga por los éxitos militares pertinentes.
Sólo se necesitan pruebas, es decir, cuerpos
de carne y hueso o, en esa particular jerga castrense:
"falsos positivos".
En algunos foros virtuales se especifica cuál
es el perfil de un "falso positivo" colombiano:
"menor de 30 años, pobre, habitante de barrio
marginal o zona rural, en busca de trabajo". "Se
trata de estudiantes, de jóvenes de barrios pobres,
de mendigos, de enfermos mentales". Y se trata,
en esencia, del "aniquilamiento sistemático"
de inocentes, "secuestrados los unos o engañados
con ofertas de trabajo en la cosecha del café
los otros", asesinados después, y cuyos
cuerpos son presentados por último como "caídos
en combate".
El propio Álvaro Uribe ha intentado salir a cortar
el paso a la indignación general – después
de que se diera a conocer hace poco la matanza de un
grupo de 20 "falsos positivos" en la localidad
de Soacha, en el departamento de Cundinamarca, cerca
a Bogotá –, y se mostró él
mismo afrentado en público porque, supuestamente,
sus subalternos lo habían engañado al
presentarle a los inocentes de Soacha como muertos de
la guerrilla. Eso, por parte de un presidente identificado
como pocos con la fuerza de choque de los paramilitares,
y protagonista en persona de uno de los primeros casos
de "falsos positivos", con un atentado fingido
cuando asumió el mando el 7 de agosto de 2002,
para justificar sus ardores belicistas en pos de la
pacificación. Y que consisten, en otras palabras,
en acabar con cualquier dolor de cabeza con un sablazo
a la altura del cuello.
Eso, en cuanto a las víctimas que militares y
paramilitares llaman falazmente "positivos"
y "falsos", de remate, como si se tratara
tan sólo de un error en un hecho encomiable.
Ni más ni menos. Eso también en cuanto
a la lucha institucional y al Estado de Derecho. Y eso,
por último, en cuanto a lo positivo en la Colombia
de Álvaro Uribe.
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